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Teletrabajos forzados: aplicaciones para el móvil

¿Estás deseando leer este artículo para saber qué maravillosas aplicaciones puedes instalar en tu teléfono inteligente como herramientas para el teletrabajo?

Pues te aviso: mi propuesta va a ser que no instales ninguna y que elimines todas las que tengas.

¡Eso sí que es un reto!, y no lo que hacen los tiktokers.

¿Estás leyendo esto en el móvil?

Me temo que la respuesta va a ser sí. Empezamos mal.

Si mi intención fuera conseguir likes y seguidores, estaría haciendo memes que se vieran bien en la pantalla minúscula de un móvil.

Pero lo que estoy escribiendo es muy serio, y no se puede reducir a unas cuantas frases ingeniosas.

Te ruego encarecidamente que leas estos artículos en un ordenador. O al menos en una tableta. O que los imprimas. No son lectura para pasar el tiempo.

Si sigues leyendo en el móvil, en cuanto suene una notificación tu cerebro va a perder la concentración y tu poderoso pulgar va a cambiar de pantalla.

Los mensajes de trabajo que leas en el móvil también los vas a leer «por encima», igual que este artículo, porque los vídeos graciosos que te manda tu cuñado son muchísimo más atractivos.

Luego dirás que es imposible mantener la productividad cuando se trabaja en casa. Y echarás la culpa a los niños.

¿He conseguido que dejes de leer esto en el móvil?

¡Ya sabía yo que no!

Bueno, no importa. Haré lo que pueda.

Algún día me darás la razón.

¡Una excepción!

Si en tu vida anterior ya utilizabas el móvil como herramienta de trabajo para todo, no cambies nada.

Si escribes a velocidad de vértigo; si trabajas con redes sociales a todas horas; si tienes enlazadas todas las utilidades y has optimizado la conexión entre el email, la nube y todo lo demás… ¡no rompas lo que funciona!

Tampoco me refiero a desinstalar o bloquear nada relacionado con tu vida personal o tus aficiones.

Tan solo me preocupan las personas que se han visto obligadas a trabajar desde casa, de un día para otro, sin la infraestructura y la experiencia que se necesitan para mantener la productividad.

¿Tienes un ordenador en casa?

Espero que la respuesta sea un rotundo «Sí, claro, por supuesto».

Los ordenadores portátiles tienen una característica extraordinaria. Se llama «TAPA». Es pura magia. Cuando cierras la tapa, tú dejas de trabajar.

¿Tu teléfono móvil tiene tapa? ¿Se puede poner en reposo? ¿Puedes dejarlo encima de una mesa y olvidarte de él durante un rato?

No, ¿verdad?

Y si lo utilizas para el trabajo y no lo apagas… ¿cuándo acaba tu jornada laboral?

Todo este artículo podría resumirlo en: Gestiona el email y las aplicaciones corporativas en el ordenador, junto al resto del trabajo. Deja el móvil para hablar con voz y para «tus cosas». Pero voy a tener que escribir 2.000 palabras para convencerte.

Si leíste el artículo anterior, Teletrabajos forzados: el móvil y la voz, ya sabrás en qué situación te encuentras con respecto al móvil. Espero que al menos hayas conseguido separar el móvil personal del móvil de trabajo.

Lo que pensabas que era chulo y moderno… no lo era tanto

Este bloque va dirigido específicamente a las personas que llevan años bajo la tiranía de los móviles inteligentes. Hay muchísima gente en estas circunstancias, y no depende del tamaño de la empresa o la responsabilidad del puesto de trabajo.

Yo he estado ahí.

Tras años de utilizar el móvil como una extensión «ligera» de la oficina nos habíamos acostumbrado a atender constantemente el email del trabajo desde cualquier lugar (en casa, de viaje, en una fiesta, en la playa…). También podíamos abrir archivos en .pdf, retocar hojas de cálculo y presentaciones y trabajar con herramientas de colaboración.

Era genial.

Para quienes estaban constantemente fuera de la oficina, el teléfono inteligente se convirtió en una herramienta extraordinaria, incomparable.

No pases por alto el detalle. He dicho «Para quienes estaban constantemente fuera de la oficina».

¿Qué nos pasó a los demás? A pesar de trabajar a diario en una oficina o en nuestra casa, instalábamos también el email en NUESTRO móvil. «Por si acaso». Era estupendo poder contestar algún email urgente desde cualquier sitio, ¿verdad? Todo un alarde de modernidad.

Yo también, pecador como el que más. Allá por el año 2004 —hace dieciséis años— iba por la calle con el extraordinario Palm Tungsten T3 y un teléfono con GPRS. Y presumía de ello.

Durante años hemos bailado como posesos alrededor de ese precioso caballo de madera que nos regalaron.

La ilusión de tener controlada la situación

¿Cuántas veces te has ido a la cama con un marrón que ha llegado a última hora a través del móvil?

Al principio no recibías demasiados mensajes, y podías asumirlos en la vida diaria con cierta facilidad. Era cómodo y barato. El sueño terminó cuando responder inmediatamente se convirtió en una exigencia global.

«¡Un mensaje a las nueve y media de la noche! ¡Cómo voy a esperar hasta mañana! Respondo ahora mismo y me lo quito de la cabeza».

Era mentira, y tú lo sabes. Aunque respondieras no te lo quitabas de la cabeza y dormías con ello.

Las grandes preguntas que no te hiciste en el pasado:
¿No trabajaba en una oficina con herramientas proporcionadas por la empresa?, ¿no tenía un horario laboral establecido?, ¿por qué mi disponibilidad permanente no estaba reflejada en la nómina?, ¿por qué contestaba a esos emails?, ¿quién tenía el mal gusto de mandármelos?, ¿por qué los enviaba yo también?, ¿cuantos problemas auténticos, imposibles de retrasar unas horas, he llegado a resolver?, ¿han merecido la pena los inconvenientes? y muchas más preguntas que no puedo ni imaginarme porque no sé a qué te dedicas.

Una locomotora saliendo de tu móvil
¿Y qué ocurre durante esta crisis?, pues que todo se ha desquiciado. El flujo de mensajería se ha multiplicado y no tiene fin. Desde que te levantas hasta que te acuestas.

Y eso se suma a los grupos de conversación personales y familiares, que ahora también están al rojo vivo.

Resistir esa presión te va a afectar mucho. Necesitas estar disponible para tus seres queridos. Ahora más que nunca.

Concentra el email y las comunicaciones en el ordenador que utilizas para trabajar. El móvil solo para hablar o para tu vida personal.

Tu móvil personal solo debería ser un canal para emergencias, sobre todo en esta época. PARA EMERGENCIAS DE VERDAD.

¿Y el Guasap para el trabajo?

¡La gran pregunta!

YO NO TENGO GUASAP. Es una cuestión personal que no tiene nada que ver con el teletrabajo. Solo me concedo la pequeña maldad de llamarlo «Guasap», a modo de firma personal, por incordiar.

Es un asunto muy importante porque, para mucha gente:

  • Móvil y Guasap son la misma cosa.
  • Internet y Guasap son la misma cosa.
  • Vida social y Guasap son la misma cosa.

…así que lo lógico sería asimilar también el Guasap al trabajo.

El Guasap es muy moderno y muy útil, así que también habría que crear un grupo para el trabajo, ¿no? PUES NO. Aquí van tres razones objetivas:

1.- Historial de comunicaciones

Cuando acabe esta situación, todo lo que hayas enviado o recibido por escrito formará parte del historial de la empresa, así que EL EMAIL CORPORATIVO DEBE SER EL REPOSITORIO ÚNICO DE TODAS LAS COMUNICACIONES ESCRITAS. Aparte de los papeles impresos y las aplicaciones «serias» de comunicación interna.

Esto no es un paréntesis laboral en el que cada uno hace lo que le sale de las narices porque «para eso estoy en mi casa». NO. Sigues trabajando para la misma empresa, y hay que mantener las normas.

Ni los chats de Guasap ni los mensajes de audio cumplen los requisitos mínimos de seguridad, confidencialidad y durabilidad que necesitan las comunicaciones profesionales.

Y, si eres un trabajador por cuenta ajena, por muy alta que sea tu posición en el organigrama de la empresa, siempre vas a tener las de perder en caso de problemas documentales o revisiones.

2.- Malentendidos y problemas de comunicación

Las probabilidades de generar malentendidos por no escribir con el cuidado que se precisa en una relación laboral son infinitas.

Con la mensajería instantánea nos hemos acostumbrado a los mensajes cortos entre amigos y familia.

Un ejemplo muy habitual en estos días de confinamiento. Mandas un mensajito por Guasap porque es solo un detalle de organización, no demasiado importante, y lo escribes rápidamente con tus pulgares mágicos:
—Antonio, mándame el informe.
—Sí, claro.

Haz el ejercicio de leer en voz alta la respuesta que te ha dado Antonio con dos posibles entonaciones diferentes:

  1. «Sí, claro» pensando que Antonio lo tiene ya preparado y te lo va a mandar enseguida.
  2. «Sí, claro» pensando que el imbécil de Antonio ya se ha puesto en plan borde, y no va a terminar el informe porque no le da la gana.

¡Esto no lo puedes arreglar con emojis ni comprando todas las colecciones de stickers disponibles!

Y… la frase de «Antonio, mándame el informe»… a saber con qué tonito la ha leído Antonio. Quizá la respuesta es realmente agresiva porque piensa que has empezado tú con malas maneras.

¡Que estamos todos muy nerviosos!

Si la conversación se hace por teléfono, el tono de voz y el contexto de la conversación hacen que la intención real sea evidente.

El mismo mensaje, redactado en un ordenador podría haber sido «Sí, claro. Ya lo tengo preparado. Le paso el corrector y te lo mando», porque escribir con un teclado grande da menos pereza.

El email en un ordenador también tiene sus peligros, pero son infinitamente menores y más fáciles de evitar.

2.- Utilizar el grupo equivocado

En tu móvil tienes el grupo familiar, el del colegio, el de los cuñados, el de los amigos del barrio, el del gimnasio, el del club de petanca…, y ahora estás pensando también en añadir un grupo de empresa «serio» y otro con cinco coleguitas del departamento para seguir con las gracietas.

Supongo que no necesitas un ejemplo de lo que puede pasar si te equivocas de grupo.

El resto de aplicaciones de mensajería

Como alternativa o complemento a Guasap puedes instalar Telegram, BBM, Signal y muchas más. Mejoran muchísimo el tema de la seguridad y la confidencialidad, pero todo lo dicho anteriormente sobre la operativa se aplica por igual. Quizá Slack y similares sea el único tipo de aplicación que se desmarca un poco del planteamiento, ya que se basa en la colaboración, no solo para la mensajería, e incluso puede sustituir al email.

Si a pesar de lo que he comentado previamente no te queda más remedio que utilizar forzosamente algún tipo de aplicación de mensajería rápida en el móvil para el trabajo, mi única recomendación es que en la empresa os pongáis de acuerdo en utilizar una aplicación diferente a la que compartes con la familia y los amigos.

Recuerda que casi todas se pueden utilizar también en el ordenador. Así, al menos, reduces alguno de los problemas.

Otras aplicaciones para móviles

Me cuesta pensar que haya alguna aplicación para móviles que mejore lo que se puede hacer en un ordenador para trabajar, pero siempre hay excepciones.

Por ejemplo las aplicaciones que utilizan la cámara y sustituyen al típico escáner de sobremesa. O las basadas en los sensores de velocidad, inercia y demás. Si alguna utilidad te viene bien… adelante. Tan solo tendrás que buscar la forma de interconectar los archivos.

También podría haber excepciones en aplicaciones diseñadas para trabajadores nómadas o desubicados. Son formas de trabajar diferentes, pero hay parecidos con el trabajo desde casa. Puede que haya algo interesante.

Todo depende de tu profesión y tu trabajo.

En resumen:

Si tu teléfono era un hervidero de grupos familiares y lo usabas como repositorio principal de «La patrulla canina» y «Peppa Pig», no quieras meter ahora toda tu vida profesional dentro de esa pantalla minúscula. ESO NO ES MODERNO, aunque la publicidad y la inercia hagan que lo parezca.

Si nunca has tenido la necesidad de usarlo como teléfono inteligente, no empieces ahora. No instales más cuentas de correo. No añadas grupos de Guasap para el trabajo. No busques aplicaciones de .pdf. ¡Utiliza el ordenador!

El ordenador puedes apagarlo cuando acaba el día, cuando comes o cuando ayudas a tus hijos con los deberes. El teléfono no, y va a condicionar todo lo que hagas hasta que puedas volver a trabajar a la oficina.

¿El Guasap? Solo para tu vida personal. Es la mejor opción, sin duda, sobre todo porque todo el mundo la tiene ya instalada (menos yo). No es el momento de experimentar con otras alternativas. Cuando acabe el confinamiento… hablaremos.


No dejes de leer el resto de artículos de esta serie sobre el teletrabajo:

  1. «Trabajar EN casa» no es «Trabajar DESDE casa»
  2. Teletrabajos forzados: el horario laboral
  3. Teletrabajos forzados: el móvil y la voz
  4. Teletrabajos forzados: aplicaciones para el móvil
  5. Teletrabajos forzados: el ordenador (1)
  6. Teletrabajos forzados: el ordenador (2) La seguridad
  7. Teletrabajos forzados: redes e internet
  8. Teletrabajos forzados: servicios en la nube
  9. Teletrabajos forzados: la comunicación [en preparación]

Publicado en Productividad Tecnología Teletrabajo